12 diciembre 2018

NÁUFRAGOS (microrrelato)



La tormenta había durado varios días. Las rachas de viento, las cortinas de agua, las inabarcables olas sin fin provocaron el naufragio del buque. La embarcación se había hundido en pocos minutos.
El pasaje estaba integrado en la mayor parte por alumnos de institutos de educación en viaje de fin de estudios. Jóvenes de multitud de países que habían elegido como destino el último archipiélago descubierto por el telescopio espacial Hubble en su última actualización.
Varias decenas de jóvenes lograron alcanzar la playa. Los chicos, de distintas nacionalidades, se fueron interesando unos por otros entremezclando distintas lenguas. Algo de inglés, con palabras en español, italiano e incluso árabe fueron suficientes para hacerse una primera composición de lo sucedido y hacer las primeras presentaciones.
Eran conscientes de que no habían llegado a la Isla prevista, en la que se habían construido algunos hoteles y varios parques de atracciones.

En poco minutos se formaron varios grupos. La prioridad era explorar aquella playa, los lugares cercanos y proveerse de algún alimento y de agua potable. Aquellos desconocidos, algunos no habían cruzado ni una sola palabra durante la travesía, estaban trabajando codo con codo por un objetivo común. Tendrían que sobrevivir.

03 diciembre 2018

NAVES (MIcrorrelato)

Intuyo que los científicos irán desapareciendo como lo hizo el agua en unas pocas semanas, los animales más grandes en los meses siguientes y los políticos y dirigentes más tarde.
Cada vez queda menos de eso que una vez llamamos civilización.
Se están llevando todo aquello que creen que puede serles útil. El pillaje, el desorden y la violencia se están adueñando poco a poco de todas las ciudades invadidas y en las que aún no lo han sido la tensa espera ante lo inevitable provoca más caos aun.

Aquellos seres extraños que llegaron del espacio en sus fantásticas naves luminosas están acabando con nuestro planeta.

EL ÚLTIMO (Microrrelato)

(...dedicado a todos los que en algún momento han formado parte de la familia minera...)

Acaba de sonar la vieja sirena. El tono sostenido y dulce del ulular camina sobre el éter de la mañana anunciando el final del turno de noche en el Pozo Aurelio. Una bruma pegajosa y húmeda, pero inexplicablemente templada y confortable, se asienta en los recodos del río Bernesga que discurre cercano.
No ha amanecido todavía. El invierno, frío y puntual, retrasa la salida del Sol, como si le costara el madrugón diario de cada mañana. Las calles cercanas están desiertas. Ni siquiera el bar de la esquina parece abierto. Las trapas cerradas, los visillos de las ventanas sin correr. Aún no se han encendido las calefacciones de los más tempraneros pues no se escapa el humo por sus chimeneas.
Hace ya algún tiempo que no se escucha el vocerío de los niños a la entrada del colegio y del Instituto. Poco a poco fueron cerrando las aulas. Primero lo hicieron las escuelas nacionales. Más tarde también cerró la escuela regentada por la empresa, por la Hullera. Quedan los edificios, cada vez más deteriorados y los recuerdos de los juegos de los chiquillos mientras corrían alrededor de la plaza. Quedan también algunos cristales rotos.
Se acerca la jaula a la superficie. Los estridentes sonidos de las correas y las poleas denotan la falta de mantenimiento. Los pies de los mineros del turno que acaba arrastran las pesadas botas a través del camino que les conduce al vestuario.
Parece que no hay prisa.
La ducha que elimina los restos de carbón de las pieles curtidas de los hombres cansados no reconforta en esta ocasión. No hay chistes, ni bromas. Solo los gestos mecánicos de un lavado que les permita volver a casa. Las ropas colgadas esperan a sus dueños, como siempre.
Como siempre no. Ya no volverán a enfundarse el mono, ni a colocarse el casco protector. Los guantes ya no serán necesarios y el vestuario quedará vacío.  Los bancos corridos ya no volverán a reconfortar los cuerpos cansados por el trabajo, a devolver el resuello a los más veteranos que tachaban los días en el calendario que les restaban para el ansiado retiro.
Hoy cierra el pozo. Dicen que no hay más carbón; o que no hace falta extraerlo; o que es mejor utilizar el que viene de fuera, yo que sé…
No han entendido las razones ofrecidas por el patrón, ni las explicaciones del sindicato. Tampoco les ha quedado claro al escucharlos en el parte de ayer, en la radio. Ellos saben trabajar.
Cierra el pozo. Y el pueblo se muere. La única razón de habitar aquel valle duro y frío, aunque hermoso, era el jornal obtenido con el esfuerzo diario, con la vida perdida y ganada en cada turno.
El valle se quedará vacío. Poco a poco se irán marchando como lo hicieron antes los compañeros de otros pozos, las gentes de otros valles.

El último minero cierra la puerta del vestuario y mientras se aleja se da cuenta de que ya no se escucha la sirena, ya no chirrían las correas de la jaula como cada mañana. El pozo ha cerrado.

02 diciembre 2018

PARA LA PRÓXIMA (Microrrelato...)

Voy a correr la San Silvestre este año, anuncié en casa.
No era la primera vez que lo decía pero sí en la que mostraba el resguardo de la inscripción.
Meses de entrenamientos y aprendizajes. Series, controles, carreras en distintas superficies. No siempre supe disfrutar de estas jornadas de preparación. Las famosas endorfinas asociadas al ejercicio físico no aparecían.
Llegó el día de la prueba y los nervios, la emoción y la adrenalina surgieron repentinamente: la tensión en la salida; los últimos consejos de un desconocido; ¡ suerte chaval !
La carrera fue dura. Los metros hay que superarlos uno a uno. Pero el esfuerzo se ve inmensamente recompensado con la emoción de la llegada a la meta. Vítores, aplausos, voces de ánimo, que junto con la satisfacción de  finalizar la carrera provocaron que no fuera capaz de encontrar a mi familia animando en la recta de meta.

Para la próxima vez.

20 noviembre 2018

Enjaulados (Microrrelato)

La cosa iba bien hasta el día que me habló uno de los leones. Había sido una sola palabra. Tajante y contundente. No.
Me quedé petrificado. Y esa situación dentro de una jaula en la pista del circo rodeado de nueve leones empieza a ser poco recomendable.
Kas, el león más veterano del grupo, nacido en el seno del circo y padre de otros cinco ejemplares se había negado a dar su mejor salto, el ejercicio que cerraba el espectáculo de doma y me miraba a los ojos con actitud desafiante.
Mis botas acharoladas parecían haberse soldado a la pista; el látigo se había convertido en un instrumento inútil incapaz de dirigir las acciones de los animales.
Kas no se movía. No quería saltar. Parecía querer transmitir algo a través de esa mirada intensa.
Apenas podía articular las órdenes cien veces ensayadas. Un hilo de voz que se sumergía en la melodía interpretada por la orquesta situada sobre la puerta de acceso a la pista suplicaba a los leones que reanudasen el número.
Ni un movimiento. Si no fuera porque estaba seguro de que los leones no podían hablar apostaría a que todo el grupo le estaba repitiendo la misma palabra. No.
Posiblemente fueran segundos pero a mi me estaban pareciendo varias horas.
O quizás el tiempo se hubiese detenido. Sin darme cuenta comencé a pellizcarme el muslo izquierdo. Puede que estuviese soñando.

No era una pesadilla. Kas esbozó una sonrisa mientras decía con voz poderosa: Hoy vas a pedirlo por favor. Todos los leones le secundaron al tiempo: Por favor.

12 noviembre 2018

GRANDES...Y...MONSTRUOSOS... (Microrrelato)

Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Los conciertos se habían promocionado a lo grande. Entrevistas en la radio, espacios en televisión, impactos constantes en todas las redes sociales. 
El mítico grupo de rock volvería a la carretera para una gira por todo el país. Los viejos temas de antaño, el vestuario de la época, los futuros kilómetros recorridos en buena compañía les habían rejuvenecido veinte años. 
Volverían a ser los más grandes. Nadie podría con ellos. Habían vuelto.
Aquella chica, sola, con su pequeño ukelele y su vestido de gasa azul encandiló al público con la primera canción. 
La gira había terminado.

05 noviembre 2018

TRANSFORMACIONES (Microrrelato)

Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias.
Noche avanzada. La luna, más llena que nunca, se elevaba sobre las montañas que encañonan la ciudad entre los dos ríos. El reflejo del astro se parapetaba en las copas de los pinos de las laderas de poniente.
El proceso había comenzado. Nadie podría pararlo.
Las primeras muestras de la transformación eran visibles. Los cabellos, los pómulos, las órbitas de los ojos estaban cambiando por momentos.

La licantropía era inminente. Solo podíamos encerrar a Antonio en su cuarto y esperar a que pasaran los efectos de la luna de sangre y el hombre lobo entrara de nuevo en reposo.

11 septiembre 2018

RECICLAJE

Comienza un nuevo curso y una nueva temporada de concursos literarios. El primero de los microrrelatos enviados al concurso de Relatos en Cadena de la Ventana de la SER tampoco ha sido visto con buenos ojos por los miembros del jurado...


El baúl de los juguetes está cada vez más vacío.
Recordaba que era difícil cerrar el baúl del trastero. Sin embargo, ahora sobraba sitio. El oso de peluche de mis sueños infantiles no estaba; ni el aeroplano que alguien me regaló y pinté cuidadosamente. Aquellos jichos de plástico con los que simulaba batallas tampoco aparecían.
Ayer había un extraño silencio en casa. La televisión no se oía. Las consolas no emitían esos redundantes soniquetes. No sonaban los molestos anuncios de youtube que se insertan entre video y video.

Abrí sigilosamente la puerta de la habitación del pequeño. Allí estaba; en el suelo rodeado de soldaditos, muñecos y aviones de madera.

31 julio 2018

PECADO

Siempre sucede lo mismo. Cientos de kilómetros para llegar al lugar deseado. El consabido sofocón para colocar todo el equipaje necesario en el maletero de nuestro coche. Las indicaciones constantes de mi copiloto sobre la velocidad, el tráfico o la conveniencia de tomar un refrigerio antes o después.
Llego, me instalo; me preparo concienzudamente y en el mismo instante de introducir el pie derecho en la orilla del mar un escalofrío paralizante recorre mi cuerpo hasta la base del bulbo raquídeo ordenando la inmediata paralización del baño deseado. No puede ser.  Otra vez.
Se establece una lucha feroz entre la razón que recomienda no meterse en esas gélidas aguas del océano y mis deseos desenfrenados de iniciar mis vacaciones de verano con el necesario  bañito.

Como siempre, la lucha termina con una inmersión rápida a ritmo de muñeira para acelerar los pasos. Sería un pecado no meterse.

18 julio 2018

El Viaje del Vierzo y mi amigo Dionisio

El viaje del Vierzo

Durante más de un año, en la última década del pasado siglo XX, recorrí las tierras Bercianas a raíz de un empleo que me obligó a fijar mi residencia en el Barrio de los Judíos de Ponferrada.
Con un pequeño pero vivaracho vehículo coroné todos los puertos imaginables, me adentré en las profundidades de la Hoya y agrandé mis limitados conocimientos de las zonas de Ancares, Cabrera o Laciana.
Este verano, que parece estar jugando al gato y al ratón, con sus descansos y veraneos, me permite rememorar esos recorridos a través de las páginas de “El Viaje del Vierzo”, elaborado a cuatro manos con los textos de Valentín Carrera y las imágenes de Anxo Cabada, como así reflejaron en una memorable presentación en la pasada Feria del Libro de León, acompañados por nuestros admirados José María Merino y Juan Pedro Aparicio y presentados por Adolfo Ares.
Paseo en mi memoria, ayudado con sus textos e imágenes, por carreteras intransitables, recorro calles y plazas de villas y pueblos y visitó monumentos y edificios memorables ya casi olvidados.
Y leyendo leyendo me encuentro con referencias a amigos comunes. Aparece entre sus páginas Dionisio Álvarez Trincado como miembro de un etéreo grupo de poetas bercianos, al lado de Mestre o de Antonio Pereira. Poeta, ingeniero y profesor. Cantautor, músico y artista. O simplemente Dionisio.
Otro momento de añoranza. Más recuerdos personales y una buena excusa para rebuscar en la biblioteca y deleitarse con las esencias de mi amigo Dionisio.

04 julio 2018

Villa María

He colaborado en la revista del I.E.S.O. de La Pola de Gordón con un breve cuento sobre la casona más famosa de la localidad. 
Lo comparto con vosotros...



VILLA MARÍA
Un pueblo más en el camino hacia el norte. Un río caudaloso alimentado por los primeros deshielos de la temporada. Paso tras paso, medio adormilado, la vislumbra de pronto, a pocos pasos de la iglesia.
La pintura amarillenta de la fachada de la casa presenta ligeros desconchones y signos de humedades en las zonas más bajas, junto al jardín que rodea la edificación. La majestuosa construcción de los años veinte, los felices veinte del pasado siglo, va perdiendo poco a poco el porte altivo que caracteriza las casas de indianos del norte del país.
Villa María, 1927. El cartel situado en el frontal de la nave central del edificio identifica claramente el año de finalización y su nombre. Épocas de emigración, de idas y venidas en busca de la fortuna que pocos encontraron y que, en muchas ocasiones, se materializó en obras como esta.
Los pesos argentinos, hoy en lucha fratricida con el dólar norteamericano, se convirtieron en ladrillos, palmeras y espacios de descanso.
Los barrotes forjados por el tiempo y ahogados por las buganvillas que intentan trepar hacia zonas más soleadas delimitan el espacio de la finca. Una puerta con la cerradura inutilizada, auxiliada por una cadena y un candado, hacen pensar al viajero que la vivienda está vacía.
Se imagina muebles suntuosos, cortinajes y sedas, cuadros de gran porte sobre chimeneas en las que crepitan leños humeantes. Seguro que cuenta con una biblioteca, o así se lo imagina el viajero, en la parte más alta del torreón. Estantes interminables con las más variadas ediciones de los anales del conocimiento del momento.
Villa María. La Pola de Gordón. León.
No se ven luces en el interior. Sin embargo, el jardín está extremadamente cuidado. Césped limpio, arbustos y árboles podados dan muestra de un laborioso trabajo. Hasta se adivina cierto cariño emanando de las incipientes flores de la primavera tardía que trae la mañana.
Le cuentan los vecinos que una descendiente de la familia vive en la zona. No ocupa la casona. Es demasiado grande. Demasiado recuerdos, quizás, intuye el viajero.
Otro paisano, animado por la tertulia que se ha ido formando cerca de la iglesia rememora tiempos de guerra. La comarca protagonizó enfrentamientos cruentos en las primeras operaciones de la guerra civil. La orografía circundante facilitó las acciones de la artillería y ambos bandos lucharon encarnizadamente por el control de los pasos naturales hacia el norte de la península. El frente variaba cada día. Las batallas y escaramuzas aún forman parte de las historias que los más viejos cuentan en los filandones del invierno.

También fue utilizado como sede de distintos organismos militares. Comandancia, recuerda otro contertulio. Seguro que el que ahora recuerda con dificultad escuchó a sus mayores relatar historias similares sobre la casa.
El viajero entiende a la propietaria. Con ella viviendo en la casa había demasiada gente recorriendo los pasillos de la casa o habría que esperar turno para poder ojear un viejo tomo de la biblioteca…
Con estos pensamientos el norte se hace más cercano a cada paso. El viaje sigue su curso.

Marcos Alvarez


04 junio 2018

Indiana Jones (Microrrelato)

Prefiero las ratas. - dijo con voz firme el protagonista de la película acompañado de una épica melodía. (Aunque su rostro reflejaba alguna que otra duda al respecto...)
Sin preámbulo alguno se adentró por el interior de la segunda galería subterránea repleta de esos seres nauseabundos, chillones y desafiantes, camino de la siguiente aventura.
Comprendí perfectamente la decisión.
Aunque me estaban picando horriblemente las piernas, mientras las agitaba inconscientemente sentado en la butaca del cine de mi barrio pensando en los odiosos roedores, la otra alternativa me parecía más repugnante todavía.

No puedo soportar la mera presencia de las cucarachas.

25 mayo 2018

Por fin un microrrelato premiado...!!!

Después de infructuosos intentos, de muchos microrrelatos enviados a distintos concursos, de varias decepciones,  uno de los textos enviados recibe una palmadita de  los organizadores.

El  III Concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones” organizado por  el Campus de Excelencia Internacional (CEI) Triangular-E3 promovido por las Universidades de Burgos, León y Valladolid, el Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Castilla y León (BUCLE), el Programa de Acercamiento Intergeneracional, tULEctura es el espacio de la Universidad de León y el Programa Interuniversitario de la Experiencia, ha considerado merecedor del 2º accesit, en la categoría de miembros de la comunidad universitaria, a mi relato, Montaña Rusa...


Os dejo el microrrelato y algunas imágenes de la ceremonia de entrega de premios realizada en el Campus de Vegazana de la Universidad de León.


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El abuelo nos invita a visitar el Parque de Atracciones, le dije hace unos días a mi hijo mayor.


Ya despuntan los primeros rastros de barba juvenil en su rostro y mantengo una dura pugna diaria por ver quien es el más alto de los dos.


No me apetece, fue su primera contestación.
El que hasta hace poco tiempo aún era un niño hoy es un adolescente con ideas propias que intenta, poco a poco,  ganar cuotas de independencia.


Con algo de trabajo y mucha mano izquierda conseguimos preparar el viaje y las tres generaciones pudimos coincidir en diversas atracciones y espectáculos.


Aún no sé quien demostraba más satisfacción cuando la montaña rusa llegó al final del vertiginoso recorrido.
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11 mayo 2018

HUESOS

Tenía los ojos casi fuera de sus órbitas. Había llegado jadeante y sudoroso. Su mochila y el antiguo gabán se perdieron en el trayecto de vuelta a casa.
No atendía a las preguntas nerviosas de sus padres: ¿Qué te ha pasado, hijo?
No podía responder. Lo intentaba pero su boca no obedecía sus deseos.
Quería contarles como en la vieja casa de indianos abandonada situada de camino al instituto, entre las cortinas entreabiertas de la torre norte, se vislumbraban dos figuras fantasmales tomando el te.
Y como la infusión aún humeante se escapaba a través de las huesudas costillas descarnadas.

08 mayo 2018

No es NO...

Comparto otro microrrelato no seleccionado en el concurso Relatos en Cadena...

Deberías ver las rozaduras de mis talones  o la sangre acumulada bajo las uñas de los pies. No puedo seguir, dijo mientras se sentaba en una piedra que había aparecido junto al camino.
Se había acomodado como a cámara lenta y sus frases, aunque rotundas, parecían carentes de emoción o de sentimiento.
Me está gastando una broma, pensé. No puede haberse cansado todavía. Hace un día estupendo y tenemos que llegar hasta el refugio de la cumbre.
Ánimo, Carol, le dije con mi mejor sonrisa.
Ni un paso más.

Su expresión no dejaba lugar para la duda. No íbamos a  terminar la ruta del fin de semana.

17 abril 2018

PEATONALIZACIONES Y ORDOÑO II


El devenir caprichoso de los acontecimientos, los años de bonanza económica y de crisis o los periodos de las distintas labores del campo se rigen por ciclos naturales, muchas veces incomprensibles, que permiten aprender de los errores para volver a cometerlos de nuevo en la siguiente oportunidad.
Algo parecido ocurre con las obras en la avenida de Ordoño II de nuestra capital.  Cada pocos años los obreros, con sus herramientas y sus diabólicas máquinas, se adueñan del espacio público para remover adoquines, afianzar firmes o luchar contra las filtraciones eternas del aparcamiento subterráneo que yace bajo los pies de los viandantes.
Y también, como el Guadiana, vuelven a asomar a los espacios de participación, a los periódicos locales o a las cuentas de las redes sociales las opiniones sobre la necesaria peatonalización  de comercial avenida.
Concejales y comerciantes han vertido en los últimos días opiniones al respecto.  Incluso se han realizado encuestas virtuales para intentar forzar la convocatoria de un pleno monográfico para que los próceres del municipio dejen constancia oficial de su posicionamiento.
Detecto cierta tendencia a justificar la peatonalización atendiendo a los beneficios para los comerciantes allí ubicados o a la mejora en las condiciones del paseo dominical una vez que los vehículos a motor no circulen por el centro de la vía.  
Muchas veces se realiza la comparación con la calle Ancha, con la plaza de Regla o con la calle Burgo Nuevo recordando su estado cuando estos espacios permitían el acceso con vehículos y alabando su estado actual peatonalizado en el que el peatón puede disfrutar del espacio sin compartirlo con nadie más.
Ni son comparables las callen que se ponen como ejemplo, ni la peatonalización de las avenidas y la consiguiente prohibición para la circulación de vehículos es un bien en si mismo al que toda ciudad de postín debe tender como eje vertebrador de la política municipal.
No voy a manifestar en estas líneas que yo sea un enemigo de las zonas peatonales. A muchos nos gusta disfrutar de espacios libres de coches, que permiten el paseo relajado y recuperan el espacio para el juego de los más pequeños. Pero tampoco es preciso ensalzar demasiado estas actuaciones que en muchas ocasiones convierten las calles de nuestras ciudades en zonas de conflicto en la que viandantes, ciclistas, patinadores y otras tribus emergentes luchan por dominar el espacio arrancado a los motores de combustión  - sobre todo en esas ciudades, como la nuestra, en la que muchos de los carriles bici que se diseñan discurren sobre las aceras destinadas a los peatones…- y que dificultan sobremanera las comunicaciones entre puntos vitales de las ciudades.
Así que la moda de la peatonalización, el gusto por el paseo relajado o la necesidad de licitar obra pública cada pocos años no parecen razones suficientes para decidir sobre la peatonalización de la calle más importante de la ciudad. Calle, que por otra parte, se ha convertido en uno de los pocos ejes que permiten atravesar la población de Oeste a Este sin tener que rodearla completamente por rondas y circunvalaciones. Parece necesario, a la vez que conveniente, buscar algún criterio más para sopesar y decidir con conocimiento de causa. No estaría de más que urbanistas y geógrafos estudiasen el asunto con alguna profundidad.
Uno, que no es ni geógrafo ni urbanista, sí que es persona curiosa y me atrevo a proponer la lectura reposada de la Tesis doctoral “Elementos peatonales de las ciudades medias españolas. Tipos, orígenes, relaciones y articulaciones.”, del Doctor Héctor Juan Martín Gil que es de fácil acceso a través del servicio de publicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid. En este trabajo se realiza una clasificación de algunas ciudades españolas, entre ellas León, en función de lo que denomina la Huella Peatonal, un ratio que relaciona los espacios disponibles para los peatones en función de distintas magnitudes características de las ciudades como el número de habitantes o la superficie ocupada. En este trabajo se puede apreciar como la ciudad de León no es de las que más espacio para los peatones  tiene, pero tampoco es de las que menos. Se encuentra en posiciones medias altas con otras ciudades como Oviedo o Bilbao.
No parece por tanto que exista una necesidad técnica de establecer más espacios exclusivos para los peatones. Y si la lectura del documento que les propongo les parece una dedicación excesiva al asunto, la simple operación de medir las anchuras de la calle Ancha, Burgo Nuevo y Ordoño II nos revela que estas calles peatonalizadas, de aproximadamente diez metros de anchura cada una de ellas, cuentan con la misma superficie para los peatones que el Ordoño II actual, que de los 22 metros de anchura total,  dedica una media de 5,5 metros para cada una de sus aceras.
Problemas tiene nuestra ciudad que merecen atención prioritaria antes que dedicar esfuerzos y dineros a obras de dudosa justificación.


Marcos Álvarez Diez
Vecino de León

(...en la nueva crónica...)

07 febrero 2018

Descubrimiento... (Microrrelato...)

Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada desprendían aun hálitos de vida.
Ya no estaban los muebles, los cuadros, los utensilios que habían sido utilizados por los habitantes ausentes.
El eco de las voces susurrantes retumbaba en las paredes desconchadas.
Manchas de humedad y telarañas cada vez más tupidas colonizaban las esquinas y los rincones.
El haz tembloroso que emanaba de la linterna de mano de los chicos del barrio descubría poco a poco las
estancias del palacete abandonado.
Habían preparado concienzudamente la expedición nocturna de reconocimiento. El grupo avanzaba con sigilo.
Súbitamente, Rodrigo hizo un inquietante descubrimiento. No había ni una mota de polvo.