11 mayo 2018

HUESOS

Tenía los ojos casi fuera de sus órbitas. Había llegado jadeante y sudoroso. Su mochila y el antiguo gabán se perdieron en el trayecto de vuelta a casa.
No atendía a las preguntas nerviosas de sus padres: ¿Qué te ha pasado, hijo?
No podía responder. Lo intentaba pero su boca no obedecía sus deseos.
Quería contarles como en la vieja casa de indianos abandonada situada de camino al instituto, entre las cortinas entreabiertas de la torre norte, se vislumbraban dos figuras fantasmales tomando el te.
Y como la infusión aún humeante se escapaba a través de las huesudas costillas descarnadas.

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