León, 5 de enero de 2009
Al comienzo de cada nuevo año, al igual que en cada inicio de nuevo curso académico, y este año 2009 no iba a ser menos, me repito los propósitos para los meses venideros en un intento de recobrar aquello que dejé a medias, comenzar eso que nunca inicié; les suena, no…
Este año me había propuesto no criticar, no enfadarme ante las conductas, los comportamientos, o ante la ausencia de éstos, de nuestros gobernantes y gestores públicos; iba a intentar no cabrearme, pero, va a ser que no…
Ya antes de que se iniciase el presente dos mil nueve, en el que se anuncia el desarrollo metabólico de la crisis que nos toca, sufrimos en León la incompetencia, o, la falta de previsión de nuestros ediles en la organización de la llamada carrera de “San Silvestre”, que, por aquellas cosas del querer, que diría la canción, en nuestra ciudad se celebra el día antes del santo. El caos circulatorio se adueñó de nuestra ciudad durante unas horas. Las principales calles del centro leonés, que además son las arterias de tráfico fundamentales se reservaron para la carrera anual causando graves molestias a los ciudadanos y dificultades en la circulación. Deben sopesarse adecuadamente los eventos de interés general y los de importancia parcial para poder evaluar la aceptación por parte de la ciudadanía de las molestias ocasionadas en cada evento.
Pero no solo funcionan mal los asuntos municipales. Recibo hoy una felicitación navideña con matasellos del día 12 de diciembre del pasado año. Treinta y cinco días para recorrer la distancia entre Palencia y León Todo un record. Menos mal que pertenecemos a la misma Comunidad Autónoma.
Y un aviso para navegantes, o para jardineros, que me da igual. Los topillos y topos se han instalado ya en nuestra ciudad; o quizás nunca se fueron… un paseo por los jardines de Eras de Renueva muestran como en estas fechas trabajan a ritmo frenético excavando sus galerías. A ver cuanto tiempo tardan en reaccionar los responsables del asunto.
Nada; me parece que este año que empieza voy a tener que seguir desahogándome con mis cabreos epistolares.