Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo, pensó el cocinero mientras observaba el salón presidencial completamente vacío.
Durante toda la cena no se había dejado de hablar sobre las bondades de los distintos platos; ni siquiera pudieron comentar lo bien o mal maridados que habían sido los vinos del banquete.
El chef estaba desolado. No había sido su intención. Creía haber seguido todas las reglas y recomendaciones de los asesores implicados en el evento.
Los halagos y las alabanzas no dejaron tiempo a los Ministros de los dos países enfrentados para pactar el deseado acuerdo de paz.
La cena de trabajo había sido un completo desastre.