29 septiembre 2014

ÁGORA ...de poesía.

En las noches de los últimos viernes de cada mes, un grupo difícilmente clasificable de amigos de la palabra se reúnen en el pequeño anfiteatro de la plaza de San Marcos, de León, para escuchar unos, y para recitar otros, versos propios o prestados.
La curiosidad me hizo acudir en la fría noche del pasado viernes para materializar y masticar en primera persona aquello que había seguido a través de las redes sociales principalmente...
De la sensaciones, y del frío, nacen las siguientes palabras...


Bancos de piedra insolentes
albergan a gentes dispuestas
a escuchar palabras ardientes,
en versos de voces artistas.

Son noches de luna sin freno,
calores o fríos despiertan.
Ardores que nacen o mueren,
palabras que brotan y temen.

Temores de miedos tempranos,
de obras nacidas sin prosa,
amores nacidos del viento
que encuentran camino en la nota.

Qué buscan las gentes que acuden?
Qué ansían las voces de gritan?
Qué encuentran las noches perdidas?
Qué hallan las almas rondadas?

Almas que encuentran cobijo,
noches que aclaran obscuras.
Voces susurran a gritos
Gentes que encuentran un mito.

Ágora de hombres dispuestos
a clamar bellezas y entuertos;
ágora de mozas ardientes
que aman letras vivientes.

Marcos Álvarez




18 septiembre 2014

Adiós Carlos...

18 de septiembre de 2014
Te has ido casi sin avisar. O al menos sin hacer mucho ruido, porque avisados estábamos todos desde que hace siete años supimos que la enfermedad había llamado a tu puerta. Y llamó para quedarse.
Años cuajados de batallas que habías ido superando. Una a una. Enfrentamientos cruentos que dejaban marcas y heridas en tu cuerpo, pero también en tu corazón, aunque procurabas que los que te rodeaban no acusaran sus efectos. Días buenos y días malos. Todos sabemos que la última de las batallas la perdemos todos, pero a ti te ha tocado demasiado pronto.
Procuraba no preguntarte sobre la enfermedad. Pensaba que estarías cansado de contar la misma historia a todos los que se preocupaban por tu estado de salud. Si nos encontrábamos en la Casa de Asturias, intentaba hablar de las mismas cosas intrascendentales que con el resto del grupo. Si coincidíamos en el Campus, me centraba en la tarea que nos había reunido. Si habíamos quedado para comer, o pasear con nuestras familias, pues comíamos o paseábamos.
Muchas veces, una mirada o un gesto casi imperceptible, me facilitaba toda la información que yo necesitaba saber.
En estos días de luto y desencanto han venido a mi memoria, como flases fotográficos, escenas de tiempos compartidos. Nuestros primeros contactos en la Escuela donde tú terminabas los estudios de ingeniería que yo estaba comenzando. Más tarde, sin darme cuenta, yo era alumno tuyo en tus primeras tareas docentes, casi, o sin casi, con la gorra de alférez bajo el brazo. Ana paso de ser mi compañera de pupitre a tu novia de toda la vida y esposa más tarde, mientras los demás afrontábamos nuestros primeros retos profesionales.
Han sido muchas tardes de piscina, cenas, comidas y meriendas; muchas las jornadas de papones de acera…Muchas las experiencias compartidas. Mucho también el trabajo desarrollado.
Ahora lloramos tu ausencia. Nos queda tu memoria, el recuerdo de ese carácter…Lo que nos enseñaste sin darnos cuenta de lo que aprendíamos; Fuerza, honor y sacrificio, como acertadamente glosaron tus familiares más cercanos y amigos en tu funeral.
Adiós amigo; o hasta pronto. Siempre fuiste por delante de los que te queríamos, y esta vez también has querido adelantarte…
Marcos Alvarez


Mi mágica biblioteca. (Microrrelato)


La pequeña librería del salón ocupa un lugar privilegiado. El rincón más luminoso, pero a la vez resguardado de los dañinos rayos solares, abriga la coqueta esquinera  de madera de cerezo.
En su escaso metro de altura apenas es capaz de albergar dos baldas que la dividen en tres espacios iguales. Los libros, de todos los tamaños y colores, unos colocados verticalmente y otros aprovechando los espacios horizontales vacíos, se agolpan sin orden ni clasificación conocida.
Libros de aventuras, detectives y viajes; biografías oficiales y apócrifas, gruesos tratados sobre ciencias o filosofía y hasta alguna que otra guía de cocina tradicional  parecen desbordar cada día el volumen finito del rojizo mueble.
El observador curioso puede encontrar desde ejemplares de mitad del siglo pasado encuadernados en cartoné con lomos de tela y cabezadas de vivos colores hasta ejemplares de bolsillo adquiridos compulsivamente en la librería impersonal de algún aeropuerto del país.
Lo que nadie sabe es que llevo seleccionando libros de mi pequeña biblioteca desde hace más de cinco décadas y siempre encuentro un ejemplar nuevo para comenzar otra apasionante lectura.

Marcos Alvarez