Voy a quitar del catálogo lo de leer la mente de las personas.
Se había incluido esta posibilidad entre la colección de extras que podían seleccionar los futuros padres a la hora de configurar su bebé casi por casualidad. Las posibles versiones eran casi infinitas y completamente configurables: coeficiente de inteligencia, facultades atléticas, color de ojos y cabellos, altura y complexión…
Sin embargo una de las más elegidas estaba siendo la capacidad telepática.
Nunca pensé que la posibilidad de cotillear en la mente del prójimo fuera algo tan apetecible.
Que yo fuera uno de los primeros en probar esta aptitud se debía exclusivamente a un interés científico por la materia.