16 marzo 2006

CASCO ANTIGUO Y APARCAMIENTO (Febrero 2003)

No es la primera vez que recurro a la pataleta epistolar para desahogar mis enfados domésticos a los cuatro vientos. Y esta vez, como otras muchas, es debida a las ordenanzas municipales de la ciudad de León y las normas de derivadas para la zona antigua de la ciudad.
Todos conocemos la zona peatonal del casco histórico que permite que leoneses y forasteros disfrutemos de calles y rincones del viejo León. Sin duda esta peatonalización ha redundado en la belleza del Barrio y en su potenciación turística.
Pero no debemos olvidar que en estas calles también viven ciudadanos, cada vez menos eso si, que ven cercenados sus derechos por el bien de la comunidad. Derechos como el de acceder con su vehículo hasta las inmediaciones de su vivienda en un día de compra o cuando se tiene el maletero repleto de los complementos del pequeño de la casa... Pues bien, los vecinos que debemos acreditar nuestra condición de residente para poder atravesar las barreras de bolardos solo podemos hacerlo cada quince minutos. Alguien ha decidido que solo podamos entrar en nuestras casas cada cuarto de hora. Curioso. Al menos, curioso.
Pues si ya es complicado entrar a la calle en la que vive uno en algunas ocasiones, en otras se pasan meses con los bolardos averiados y pasa todo hijo de vecino..., más difícil es aparcar nuestro vehículo. Pocas eran las zonas habilitadas para el aparcamiento para los que no poseemos garaje y debemos dejarlo en la calle más cercana. Pero menos son ahora, cuando alguna mente lúcida ha decidido que una de las calles más amplias del caso histórico – Fernández Cadórniga - y con señalización horizontal que reserva una lateral de la calle para el aparcamiento, sea coto exclusivo de paseantes y peregrinos. También han prohibido el aparcamiento.
No parece una medida acertada. Con lo fácil que hubiera sido regular el aparcamiento para residentes como se hizo en su día con la calle Ruiz de Salazar.
¿ Se estará fomentando que los vecinos de la zona abandonemos nuestras viviendas? No se me ocurre otra razón.
Pues lo está consiguiendo. Solo hay que levantar un poco la vista cuando paseemos por nuestro querido Barrio Húmedo para observar como sobre los letreros y fachadas de los Bares y Restaurantes las persianas polvorientas y los cristales rotos denotan el abandono de las fincas. Los últimos establecimientos tradicionales no relacionados con la hostelería está cerrando a marchas agigantadas dando paso a nuevos bares musicales y pubs.
Estamos consiguiendo con todo esto convertir parte de nuestra ciudad en un centro de ocio nocturno, abierto las tardes de jueves, viernes y sábados y cerrado a cal y canto el resto de la semana. Y de paso estamos animando a que los visitantes que intentan encontrar el camino hasta la Catedral sorteando los desechos de la fiesta del sábado anterior no vuelvan por esta ciudad.
Hacen falta más medidas imaginativas para fomentar nuevos asentamiento en la zona, políticas que animen al establecimiento de nuevas actividades que dinamicen el Barrio durante todo el año y menos trabas para desarrollar las actividades diarias de los vecinos que aun quedamos.
Marcos Álvarez

Lenguas y Cortes ( Marzo 2005)

Leemos desde hace varias semanas en los medios escritos, escuchamos en programas y tertulias radiofónicas, nos machacan con las imágenes en las cadenas de televisión, que los representantes de la Soberanía Nacional ocupan su tiempo en discutir sobre la conveniencia o no de utilizar las distintas lenguas oficiales en las Comunidades Autónomas de España en sus intervenciones en las Cortes.
Si no estoy mal enterado, la comunicación oral se fundamenta en la existencia de un emisor, en este caso su Señoría de turno, uno o varios receptores, por seguir con el ejemplo, sus Señorías Diputados, un canal por el que se transmite el mensaje, el patio del Congreso creo que tiene unas condiciones acústicas aceptables, y, no por citarlo el último menos importante, el sistema de codificación, es decir, el conjunto de reglas y fonemas que permiten que los mensajes sean comprendidos por todos los interlocutores.
Parece que no seria necesario decir que para que la comunicación sea eficaz todos los intervinientes en el acto deben conocer y entender el mismo código, el mismo idioma. Pues no debe ser tan obvio cuando gran parte de los miembros de la cámara están solicitando del Presidente Marín que permita las intervenciones en Catalán, Gallego, Vasco y no se si en Asturiano, que andan por ahí empeñados en que alcance el rango de idioma oficial…
Porque, estoy casi seguro que no todos los señores Diputados conocen la lengua gallega. Seguro que no me equivoco si afirmo que hay diputados que no hablan Catalán en la intimidad; y, el número de Parlamentarios que conoce algo del Vasco seguro que sonrojaría a más de uno.
Pues si estamos en esto de acuerdo, no logro entender la polémica. Todos los señores Diputados, todos, conocen una lengua común. Hablando en Español o en Castellano, que, tanto monta monta tanto, van a lograr que todos, todos, comprendan el mensaje. Pues eso.

Campañas electorales

Recuerdo perfectamente aquellas primeras campañas electorales. Recuerdo con cierta nostalgia...
Por entonces, vivía aun con mis padres, un partido político de rancio abolengo tenia su sede en la segunda planta de nuestro edificio. Aquellas elecciones, no se si las primeras, olas segundas, o quizás las terceras que se celebraban en aquella que hoy llamamos transición democrática, nos pillaban a todos desentrenados y a muchos con los pantalones cortos a medio guardar...
La ciudad se llenaba de carteles que ocultaban las tapias de aquellos solares sin edificar ¿ recordáis cuando quedaban solares...? Aquellos locos cacharros a los que les florecían altavoces de todo tipo llenaban las calles de melodías pegadizas, lemas, consignas y panfletos; muchos panfletos para desconsuelo de algunos trabajadores del servicio de limpieza.
Recuerdo nítidamente como los partidarios de los otros partidos se acercaban hasta las inmediaciones de nuestra casa, y como si estuvieran haciendo algo malo, con nocturnidad y premeditación, forraban con sus carteles las paredes de la calle. Entonces se habrían las ventanas de la sede social del partido del que eramos vecinos y, a la vez que se escuchaba la melodía de turno, volaban miles y miles de papeletas, panfletos y todo elemento que tuviera un puño con una rosa, un puño, una rosa y hasta yo creo que papeles en blanco...que a paladas caían sobre los oponentes...
Mas de una vez llegaron a las manos mientras los vecinos les increpaban - ¿ o animaban ? - desde las ventanas.
Lejos quedan aquellos años. Las páginas webs con presentaciones multimedia, los weblogs con opiniones y comentarios y los discursos televisados en prime time han postergado aquellos métodos que recuerdo, con nostalgia, cada campaña electoral.

CUENTO DE SEMANA SANTA ( Abril 2000)

Voy a contarles un cuento. Érase una vez un papón, como gusta que les llamen a los hermanos de las cofradías de Semana Santa en León, que entre sus deseos más profundos se encontrada el de celebrar la ceremonia religiosa de su matrimonio a los pies de la imagen del Nazareno en la iglesia de Santa Nonia de León.
Con mucha antelación el papón previsor había reservado el día y la hora elegidas para tan solemne ocasión en la citada iglesia donde se custodia la imagen del Cristo coronado de espinas. De la misma forma fue preparando el banquete para los invitados a la ceremonia, las invitaciones de boda, los adornos florales de la iglesia, etc... con la intención de que ningún detalle escapara a su atención.
Todos los que se han casado alguna vez saben que estos menesteres necesitan de muchas visitas, entrevistas y gestiones para lograr que en ese día especial todo esté bajo control. De ahí la actitud previsora del papón, que aconsejado seguramente por algún buen amigo o por sus familiares, iba atando todos los cabos para emprender tan ansiado viaje.
Pues bien. Da la casualidad, fatal casualidad, que al día siguiente del elegido para el enlace toma posesión de su cargo el futuro Abad de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Y por qué fatal casualidad se preguntarán ustedes... Fatal y maldita casualidad porque el papón previsor no va a poder casarse bajo la mirada de su Nazareno porque es posible que la ceremonia del matrimonio ensucie la iglesia de Santa Nonia y desluzca el importante acto de cambio de varas, o porque no va a dar tiempo de colocar y adornar la iglesia para tamaño acontecimiento, o porque no les da la Santa (por lo de cofrades) gana a los señores seises de las dos cofradías ( la ya citada junto con la de Nuestra Señora de Las Angustias y Soledad) que comparten la titularidad de la iglesia de que un hermano, como ellos, celebre su matrimonio donde siempre soñó. (y reservó).
Y para más INRI, y perdón por el juego de palabras, se lo comunican casi seis meses después de haber reservado , y hasta pagado, la iglesia para celebrar su boda.
Esto que les he contado no es cuento pero, ¿ a que lo parece?.

Paseo matutino (Abril 2001)

Si hace tiempo que no pasea por las calles más céntricas de nuestro querido León, por las callejuelas y plazuelas del barrio húmedo a primeras horas de la mañana, seguro que no va a creerse lo que voy a relatarle.
Hoy , al salir de mi domicilio para ir al trabajo nuestro de cada día, me he cruzado con cuatro chiquillos que deambulaban por una de estas calles. Iban de retirada. Los gritos, su comportamiento y cierto aroma a alcohol les delataban. Asombrado, de repente, y todos al unísono, veo como se disponen a orinar, mejor, a mear en el portal de una de las casas más cercanas. Mi cara de estupefacción les debió de molestar, encima, y comenzaron a proferir insultos variopintos.
Un poco más adelante he cruzado un contenedor carbonizado. Las bolsas de basura se encontraban diseminadas alrededor de lo que había sido su continente, y las manchas de la espuma de un extintor se adivinaban en coches, paredes y acera.
Durante todo el recorrido descrito ya había sorteado todo un conjunto de vasos rotos por las esquinas, botellas de licor diseminadas por los portales y ventanas, cabinas de teléfonos destrozadas, árboles arrancados, señales de tráfico por los suelos, adoquines amontonados formando curiosas esculturas, secreciones humanas por doquier...
¿ Hay que romper, vomitar, orinar, quemar, destruir, insultar o vociferar para pasar una noche de diversión? ¿Cómo se ha convertido una parte de nuestra juventud - adolescentes más bien- en una banda de cuasi-delincuentes nocturnos? ¿Donde se han quedado la vergüenza, el decoro y el respeto?
Esta sociedad tiene un problema. Tenemos un problema. Y lo tenemos en casa.
Marcos Álvarez