Sigo observando mi trocito de cielo. Madrugar permite observar un cielo despejado y lleno de estrellas.
Mientras intento identificar, sin mucho acierto, algunas constelaciones sencillas en el firmamento del amanecer una luz cegadora atraviesa transversalmente la vía láctea provocando una gran explosión seguida de un estruendo fantasmal.
Todo el planeta se tambalea y sucumbe en el mismo instante. Lo conocido ya no existe. El presente y el futuro han desaparecido fundiéndose en un pasado sin recuerdos.
Solo el silencio, profundo, sigue atormentando las vidas errantes perdidas en el cielo.
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