25 abril 2017

SEQUÍA. Microrrelato.

Ayer estuve lavando el coche. La parrilla delantera, al igual que el parabrisas, estaba repleto de mosquitos, abejas, avispas y el resto de insectos que aparecen en primavera y que mueren prematuramente aplastados contra los vehículos que circulan en esta época del año. No es que sea un maniático de la limpieza del automóvil. Simplemente la cantidad de seres defenestrados ya me impedía ver adecuadamente a través del cristal.
Hoy, al salir del gimnasio después de darlo todo sobre la elíptica mientras escuchaba el último programa de Cowboys de Medianoche descargado de la fonoteca de la emisora, un penetrante aroma a tierra mojada me ha insuflado olores y sensaciones casi olvidados. Los campos, sobre los que algunos incipientes brotes de cereales asoman tímidamente, han despertado de un letargo obligado por la sequíá. En pocas horas han cambiado los olores, las texturas y hasta los colores. Los insectos han vuelto a revolotear más alegres y los trinos de los pajarillos han cambiado de tono.
Creo que mañana volveré a dedicar un rato a lavar el coche. Falta hace.

Marcos Alvarez