04 julio 2018

Villa María

He colaborado en la revista del I.E.S.O. de La Pola de Gordón con un breve cuento sobre la casona más famosa de la localidad. 
Lo comparto con vosotros...



VILLA MARÍA
Un pueblo más en el camino hacia el norte. Un río caudaloso alimentado por los primeros deshielos de la temporada. Paso tras paso, medio adormilado, la vislumbra de pronto, a pocos pasos de la iglesia.
La pintura amarillenta de la fachada de la casa presenta ligeros desconchones y signos de humedades en las zonas más bajas, junto al jardín que rodea la edificación. La majestuosa construcción de los años veinte, los felices veinte del pasado siglo, va perdiendo poco a poco el porte altivo que caracteriza las casas de indianos del norte del país.
Villa María, 1927. El cartel situado en el frontal de la nave central del edificio identifica claramente el año de finalización y su nombre. Épocas de emigración, de idas y venidas en busca de la fortuna que pocos encontraron y que, en muchas ocasiones, se materializó en obras como esta.
Los pesos argentinos, hoy en lucha fratricida con el dólar norteamericano, se convirtieron en ladrillos, palmeras y espacios de descanso.
Los barrotes forjados por el tiempo y ahogados por las buganvillas que intentan trepar hacia zonas más soleadas delimitan el espacio de la finca. Una puerta con la cerradura inutilizada, auxiliada por una cadena y un candado, hacen pensar al viajero que la vivienda está vacía.
Se imagina muebles suntuosos, cortinajes y sedas, cuadros de gran porte sobre chimeneas en las que crepitan leños humeantes. Seguro que cuenta con una biblioteca, o así se lo imagina el viajero, en la parte más alta del torreón. Estantes interminables con las más variadas ediciones de los anales del conocimiento del momento.
Villa María. La Pola de Gordón. León.
No se ven luces en el interior. Sin embargo, el jardín está extremadamente cuidado. Césped limpio, arbustos y árboles podados dan muestra de un laborioso trabajo. Hasta se adivina cierto cariño emanando de las incipientes flores de la primavera tardía que trae la mañana.
Le cuentan los vecinos que una descendiente de la familia vive en la zona. No ocupa la casona. Es demasiado grande. Demasiado recuerdos, quizás, intuye el viajero.
Otro paisano, animado por la tertulia que se ha ido formando cerca de la iglesia rememora tiempos de guerra. La comarca protagonizó enfrentamientos cruentos en las primeras operaciones de la guerra civil. La orografía circundante facilitó las acciones de la artillería y ambos bandos lucharon encarnizadamente por el control de los pasos naturales hacia el norte de la península. El frente variaba cada día. Las batallas y escaramuzas aún forman parte de las historias que los más viejos cuentan en los filandones del invierno.

También fue utilizado como sede de distintos organismos militares. Comandancia, recuerda otro contertulio. Seguro que el que ahora recuerda con dificultad escuchó a sus mayores relatar historias similares sobre la casa.
El viajero entiende a la propietaria. Con ella viviendo en la casa había demasiada gente recorriendo los pasillos de la casa o habría que esperar turno para poder ojear un viejo tomo de la biblioteca…
Con estos pensamientos el norte se hace más cercano a cada paso. El viaje sigue su curso.

Marcos Alvarez


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