Jugó a dibujar figuras de humo, hipnotizado, mientras observaba las llamas de vivos colores crepitando en el caldero de metal.
El curso estaba llegando a su fin y era hora de deshacerse de aquellos apuntes que había elaborado y estudiado durante todo el bachillerato. Cientos de hojas repletas de datos, fórmulas, ejercicios y resúmenes. El resultado de innumerables horas de trabajo bajo el flexo de luz fría de su escritorio.
Junio anunciaba la llegada del verano y el fin de las clases. No quería volver a ver aquellas carpetas y cuadernos nunca más.
De repente le asaltó un pensamiento desestabilizador. ¿Aprobaría todas las asignaturas?
