26 noviembre 2021

ESPAÑAS VACÍAS...

Mucho se está escribiendo sobre el drama de la España vacía, o vaciada, refiriéndose comúnmente al éxodo producido en muchos territorios desde las zonas rurales hacia las capitales más o menos cercanas. El abandono de ciertas comarcas españolas es una sangría continua que está desvertebrando nuestro país, con consecuencias terribles a corto, medio y largo plazo.

Pero también podría aplicarse el término vacío, o vaciado, a los centros de las grandes y medianas ciudades. Centros históricos convertidos en parques temáticos, donde establecimientos y actividades de hostelería copan todo tipo de espacios y en los que se ha obligado, casi literalmente, a los antiguos vecinos a abandonar sus hogares a fuerza de limitar y dificultar los accesos mediante peatonalizaciones y cortes de tráfico junto con la reducción de equipamientos de todo tipo.

Centros de ciudades convertidos en grandes centros de ocio o de trabajo en los que realizar la compra diaria en pequeños comercios o en el supermercado, sacar dinero de un cajero automático o requerir los servicios de un zapatero remendón se convierten en tareas imposibles. 


LA TIRANÍA DE LAS MINORÍAS

 Vivimos bajo el paraguas de una aparente democracia en la que parece que la opinión de la mayoría dirige las acciones y decisiones de gobierno.  

Pero si analizamos el sistema democrático español advertiremos como, en muchas ocasiones, algunas minorías pueden condicionar completamente las políticas que se adoptan a diario y que afectan sobremanera la vida de los ciudadanos.  

Solo tenemos que fijarnos como en los últimos días el gobierno socialista es vapuleado no solo por sus socios de legislatura, los comunistas de Podemos, sino también  por los representantes de independentistas catalanes o vascos. 

Padecemos la tiranía de las minorías que imponen ferozmente sus postulados al grueso de los ciudadanos del país.



08 noviembre 2021

Nueva dieta (Microrrelato)

Cogí semillas de zanahoria y me puse a sembrar. Había preparado concienzudamente el terreno. Los surcos eran rectos y el abono que esparcí por la finca estaba mezclado con la tierra según las enseñanzas del abuelo. 

Puse todo mi empeño en distribuir adecuadamente la simiente y colocarla a la profundidad idónea para asegurar el crecimiento de las hortalizas. 

El riego, el sol y el tiempo se encargarían del resto.

Lo que no estaba previsto es que las palomas celebraran un festival gastronómico a costa de mi nueva afición campestre.

El domingo cambiaré de menú: en vez de verduras, arroz con pichones.