Tan solo obtuvo silencio y malas caras cuando se acercó a la mesa de información del organismo. No tiene usted cita,- le espetó el interpelado.
El ciudadano echó una mirada a su alrededor para asegurarse de que no había nadie más esperando su turno. La oficina estaba desierta.
Tiene usted que pedir cita previa, y por Internet, - seguía diciendo tras la mesa funcionarial de forma atropellada. Pero, yo… - intentó contestar sin éxito el demandante.
Ceño fruncido y cara de pocos amigos.
Pasados unos segundos pudo por fin continuar su discurso: sólo venía a comunicarle su cese inmediato, no hay presupuesto; ni ganas.