Sin poder superar su muerte intenté sobreponerme a su ausencia.
Quizá fuera demasiado difícil asimilar que nunca más podría escuchar su voz, o disfrutar de su sonrisa, de su compañía. Será más fácil imaginar que nunca nos encontramos, que la vida no cruzó nuestros caminos, que el destino no truncó nuestro futuro.
Toca fijarse nuevos retos, afianzar nuevas rutinas. Aun me queda mucho por hacer, me decía. Volveré a estudiar, me inscribiré a Tai Chi, retomaré lecturas inacabadas.
Con estos pensamientos deambulaba por las calles cuando de repente volví a verte. No sé si prefería creerte muerta.