12 febrero 2019

NO HAY ESCONDITE (Microrrelato)

Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás.
Estaban todos acurrucados en su interior. El polvo cubría los cuerpos haciendo difícil identificar sus rostros. Compartían el espacio interior del baúl con decenas de cachivaches, juguetes de hoja de lata, cuadernos, libros de cursos pasados y ropas pasadas de moda.
Los mayores habían ordenado jugar al escondite justo después de escuchar el sonido de las sirenas. Niños y mayores, incluso los más viejos del edificio, se habían ocultado en un instante.
Le hemos encontrado, se escuchó a lo lejos.

Tomás, inmóvil, rodeado de los escombros del edificio vecino, observaba cómo se alejaban los bombarderos iluminados por lejanas explosiones.