31 julio 2018

PECADO

Siempre sucede lo mismo. Cientos de kilómetros para llegar al lugar deseado. El consabido sofocón para colocar todo el equipaje necesario en el maletero de nuestro coche. Las indicaciones constantes de mi copiloto sobre la velocidad, el tráfico o la conveniencia de tomar un refrigerio antes o después.
Llego, me instalo; me preparo concienzudamente y en el mismo instante de introducir el pie derecho en la orilla del mar un escalofrío paralizante recorre mi cuerpo hasta la base del bulbo raquídeo ordenando la inmediata paralización del baño deseado. No puede ser.  Otra vez.
Se establece una lucha feroz entre la razón que recomienda no meterse en esas gélidas aguas del océano y mis deseos desenfrenados de iniciar mis vacaciones de verano con el necesario  bañito.

Como siempre, la lucha termina con una inmersión rápida a ritmo de muñeira para acelerar los pasos. Sería un pecado no meterse.

18 julio 2018

El Viaje del Vierzo y mi amigo Dionisio

El viaje del Vierzo

Durante más de un año, en la última década del pasado siglo XX, recorrí las tierras Bercianas a raíz de un empleo que me obligó a fijar mi residencia en el Barrio de los Judíos de Ponferrada.
Con un pequeño pero vivaracho vehículo coroné todos los puertos imaginables, me adentré en las profundidades de la Hoya y agrandé mis limitados conocimientos de las zonas de Ancares, Cabrera o Laciana.
Este verano, que parece estar jugando al gato y al ratón, con sus descansos y veraneos, me permite rememorar esos recorridos a través de las páginas de “El Viaje del Vierzo”, elaborado a cuatro manos con los textos de Valentín Carrera y las imágenes de Anxo Cabada, como así reflejaron en una memorable presentación en la pasada Feria del Libro de León, acompañados por nuestros admirados José María Merino y Juan Pedro Aparicio y presentados por Adolfo Ares.
Paseo en mi memoria, ayudado con sus textos e imágenes, por carreteras intransitables, recorro calles y plazas de villas y pueblos y visitó monumentos y edificios memorables ya casi olvidados.
Y leyendo leyendo me encuentro con referencias a amigos comunes. Aparece entre sus páginas Dionisio Álvarez Trincado como miembro de un etéreo grupo de poetas bercianos, al lado de Mestre o de Antonio Pereira. Poeta, ingeniero y profesor. Cantautor, músico y artista. O simplemente Dionisio.
Otro momento de añoranza. Más recuerdos personales y una buena excusa para rebuscar en la biblioteca y deleitarse con las esencias de mi amigo Dionisio.

04 julio 2018

Villa María

He colaborado en la revista del I.E.S.O. de La Pola de Gordón con un breve cuento sobre la casona más famosa de la localidad. 
Lo comparto con vosotros...



VILLA MARÍA
Un pueblo más en el camino hacia el norte. Un río caudaloso alimentado por los primeros deshielos de la temporada. Paso tras paso, medio adormilado, la vislumbra de pronto, a pocos pasos de la iglesia.
La pintura amarillenta de la fachada de la casa presenta ligeros desconchones y signos de humedades en las zonas más bajas, junto al jardín que rodea la edificación. La majestuosa construcción de los años veinte, los felices veinte del pasado siglo, va perdiendo poco a poco el porte altivo que caracteriza las casas de indianos del norte del país.
Villa María, 1927. El cartel situado en el frontal de la nave central del edificio identifica claramente el año de finalización y su nombre. Épocas de emigración, de idas y venidas en busca de la fortuna que pocos encontraron y que, en muchas ocasiones, se materializó en obras como esta.
Los pesos argentinos, hoy en lucha fratricida con el dólar norteamericano, se convirtieron en ladrillos, palmeras y espacios de descanso.
Los barrotes forjados por el tiempo y ahogados por las buganvillas que intentan trepar hacia zonas más soleadas delimitan el espacio de la finca. Una puerta con la cerradura inutilizada, auxiliada por una cadena y un candado, hacen pensar al viajero que la vivienda está vacía.
Se imagina muebles suntuosos, cortinajes y sedas, cuadros de gran porte sobre chimeneas en las que crepitan leños humeantes. Seguro que cuenta con una biblioteca, o así se lo imagina el viajero, en la parte más alta del torreón. Estantes interminables con las más variadas ediciones de los anales del conocimiento del momento.
Villa María. La Pola de Gordón. León.
No se ven luces en el interior. Sin embargo, el jardín está extremadamente cuidado. Césped limpio, arbustos y árboles podados dan muestra de un laborioso trabajo. Hasta se adivina cierto cariño emanando de las incipientes flores de la primavera tardía que trae la mañana.
Le cuentan los vecinos que una descendiente de la familia vive en la zona. No ocupa la casona. Es demasiado grande. Demasiado recuerdos, quizás, intuye el viajero.
Otro paisano, animado por la tertulia que se ha ido formando cerca de la iglesia rememora tiempos de guerra. La comarca protagonizó enfrentamientos cruentos en las primeras operaciones de la guerra civil. La orografía circundante facilitó las acciones de la artillería y ambos bandos lucharon encarnizadamente por el control de los pasos naturales hacia el norte de la península. El frente variaba cada día. Las batallas y escaramuzas aún forman parte de las historias que los más viejos cuentan en los filandones del invierno.

También fue utilizado como sede de distintos organismos militares. Comandancia, recuerda otro contertulio. Seguro que el que ahora recuerda con dificultad escuchó a sus mayores relatar historias similares sobre la casa.
El viajero entiende a la propietaria. Con ella viviendo en la casa había demasiada gente recorriendo los pasillos de la casa o habría que esperar turno para poder ojear un viejo tomo de la biblioteca…
Con estos pensamientos el norte se hace más cercano a cada paso. El viaje sigue su curso.

Marcos Alvarez