Recuerdo vagamente cómo me afectaban las elecciones de delegado en mis tiempos de la E.G.B.
Se abría el proceso mediante el rimbombante anuncio de la Señorita, que así llamábamos entonces a nuestra maestra. Nos explicaba cuidadosamente el proceso, la finalidad del mismo y las tareas y responsabilidades del alumno elegido.
Se establecían los plazos pertinentes para la presentación de candidaturas, la campaña electoral e, incluso, se preparaban mítines y se elaboraba material propagandístico de los distintos candidatos.
Siempre me despertó un cierto espíritu político. Preparaba un programa electoral con propuestas para mejorar la convivencia en el aula y conseguir mejoras para mis compañeros. Explicaba con dedicación mis ideas, advirtiéndoles de la importancia de tener el delegado adecuado. Preparaba, además, algún que otro regalito para los chicos más afines a la candidatura.
Todo era inútil. Cada año era elegido el más popular, el alumno que más molestaba en clase, el protagonista de todas las gamberradas del día a día. El menos preparado para el cargo.
Casi, casi como en la actualidad. ¿Quién elige a nuestros Gobernantes? No hemos aprendido demasiado desde nuestros días de colegio…

Lamentablemente Marcos, el proceso democrático de entonces no difiere del de ahora...presentar candidaturas dentro de la idoneidad o los intereses de la agrupación (partido, lobby...) que lo apoya y del cual se vale, para alcanzar esos estamentos de poder, desde los cuales no generar un clima de concordia, equilibrio en las formas y distribución de justicia y bienestar general, sino que estará condicionado por los avalistas de turno, acomodaticios y faltos de escrúpulos...
ResponderEliminarUn abrazo
Un abrazo, Dionisio...
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