Cada día es más difícil entender algunas de las decisiones que los políticos toman a diario, alegremente, y que afectan de forma directa a la vida diaria de los ciudadanos. Ciudadanos que, por otra parte, muchas veces se resignan, en un claro ejercicio de estoicismo, a acatar con poco o ningún sentido crítico. Como si fuera un deber más del humilde contribuyente al que se maneja al antojo de unos pocos y sin merecer siquiera una explicación de vez en cuando.
A lo largo de este primer año de pandemia aceptamos como mantras indiscutibles ciertos procedimientos que un buen día se ponen en duda para seguir un criterio contrario.
Durante meses hemos sido testigos, unos y protagonistas otros, de como cuando en una familia se detectaba un caso positivo de Covid-19, todos los miembros convivientes se aislaban durante una decena de días para reducir las posibilidades de contagio y acotar los brotes adecuadamente. Ahora vemos con estupor como las autoridades sanitarias indican a estos familiares que deben seguir con sus actividades laborales o escolares. ¿No sería adecuado explicar al resto de la ciudadanía estos cambios de criterio?
También aceptamos sin reparo que al amparo de la manoseada ley de protección de datos se oculten informaciones relevantes, como la de estar contagiado de la dichosa enfermedad, vetando el derecho de los que le rodean a mejorar sus medidas de protección. Pocas veces un derecho ha sido tan mal entendido por muchos.
¿Y que me dicen de la organización de los grupos que se crean para realizar las vacunaciones? Se vacuna a los sanitarios pero se posterga a los trabajadores de hospitales y clínicas sanitarias privadas. O a los estudiantes de medicina o enfermería que a diario realizan prácticas en nuestros hospitales y centros de salud.
En estos días se está comenzando a organizar la vacunación de docentes y no se está teniendo en cuenta al resto de personal que desarrolla su labor en los centros educativos: personal de administración, cuidadores de comedor o conserjes que muchas veces tienen un contacto más estrecho con los alumnos que los propios maestros y profesores. Difícil de entender.
No dejemos de manifestar nuestras opiniones cuando creamos que se adoptan decisiones erróneas o injustas. Exijamos de nuestros representantes y gestores la necesaria diligencia. Reclamemos la información pertinente que nos ayude a entender las circunstancias y los contextos de las decisiones tomadas.
Seamos partícipes de nuestro destino.
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