Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce sigo tirando de la cuerda con desenfreno, sin atender demasiado a si los tañidos salidos de tu vientre corresponden con el toque de alarma que te ha indicado el alcalde.
El fuego está cerca y las calles del pueblo, la plaza de la fuente y hasta la zona alta donde se asientan la mayoría de corrales y chozos se difuminan entre las capas de humo denso y renegrido. El sol ha sido vencido por el humo y una luz mortecina se ha adueñado de la zona.
Sin casi darme cuenta he dejado de tañer la campana. El sonido de las sirenas y las luces giratorias de los vehículos de emergencia anuncian la llegada de la ayuda.
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