06 junio 2020

Viajes perdidos (MIcrorrelato)

¿El abuelo ya no viene a vernos? - preguntó Rodrigo.
Su madre no contestó. Estaba ensimismada intentando cuadrar los horarios de la familia en su agenda electrónica.
El abuelo solía acercarse muchas tardes para jugar con Rodrigo y su hermana Celia. Aprovechaba para llevar a casa de sus hijos los frutos de la huerta que ocupaba sus mañanas desde la jubilación.
¿Ya no coge el tren abuelito? - insistía Rodrigo - Yo quiero montar otra vez en el tren.
Desde que se se suspendió el servicio del hullero, el tren de la Robla como les gustaba llamarlo, era más difícil bajar a la ciudad cada mañana. Al abuelo le gustaba poco conducir.
Rodrigo no podía comprender por qué ya no funcionaba aquel tren, con sus coquetas estaciones, gorras encarnadas, silbatos y banderas, que le acercaba a su abuelo de vez en cuando.
Quizás no lo entendía porque era un niño, como repetía su madre.

1 comentario:

  1. Ya falta menos para volver a darle servicio a dicha infraestructura. Las promesas de nuevas máquinas están en camino, esperemos que en breve sean realidad y esa vía ahora muerta cobre vida...
    Un abrazo

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