Cuando llegué estaban poniendo la mesa para cenar.
Mi Padre colocaba cuidadosamente los platos sobre el inmaculado mantel. Era extremadamente cuidadoso en la colocación de platos, cubiertos y copas. Los demás decíamos que era un poco maniático. Las distancias se podían comprobar con la regla.
Mis hermanos se ocupaban de aprovisionar de agua, vino y pan la mesa desde la cocina. Un suave aroma, reconocido inmediatamente por mi pituitaria, llegaba por el pasillo mientras saludaba y repartía los besos de rigor. Llevaban un rato esperándome.
Mientras ocupaba mi puesto alrededor de la mesa comencé a desabrocharme el botón del pantalón de forma disimulada. Esta noche cenaría dos veces.
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