Seguro que les ha pasado alguna vez. Visitan una ciudad cercana, de tamaño similar a la de León y cuando regresan a casa tienen la sensación de que llegan al pueblín, con todos los respetos a nuestros queridos pueblos. Un convencimiento interno de que muchas de las potencialidades de la ciudad no se aprovechan adecuadamente y que los leoneses no somos capaces de sacar partido a nuestra ciudad.
Lo primero que me llama la atención cuando regreso a León es la presencia de solares invadidos por la maleza y las malas hierbas. Crea una sensación negativa de la capital incluso antes de adentrarse por sus rincones. Muchas de estas parcelas, además, son municipales. El cerramiento adecuado de todos estos terrenos así como el cuidado interior es obligatorio. En los solares de titularidad municipal podrían buscarse usos temporales hasta que se encontrase la actividad definitiva. Por ejemplo, todo suelo municipal no ocupado podría convertirse en zona verde de forma transitoria.
En los últimos años se ha producido un deterioro progresivo de los pavimentos, baldosas y otros elementos del mobiliario público. Sobre todo en ciertos barrios de la ciudad. El crecimiento de maleza en las aceras, el mal estado de alcorques y los daños producidos por el crecimiento de raíces que destrozan aceras y pavimentos son inherentes a este tipo de espacios pero requieren un mantenimiento continuo y profesional.
En cuanto a la limpieza, un paseo crítico por ciertas calles no soporta el dictamen de cualquier observador. Hay aceras que tienen suciedad acumulada del siglo pasado y no han conocido las barredoras municipales ni esperan su visita.
Todos estos detalles hacen que una ciudad que pretende competir con las de su entorno en calidad de vida no alcance los estándares deseados.
El Camino de Santiago.
León tiene la suerte de ser atravesada por uno de los caminos tradicionales más transitados del Camino de Santiago, el Camino Francés y, además, punto de partida del particular Camino del Salvador. Una caseta de información y algunas de las conchas que hace años se incrustaron en el pavimento del recorrido a través de las calles leonesas son los elementos que los casi 100.000 peregrinos se encuentran a su paso. ¿Estamos convencidos de que se está aprovechando adecuadamente este flujo de caminantes a su paso por nuestra ciudad?
Instalaciones infrautilizadas
Por otro lado, León cuenta con infraestructuras que son muy poco,o nada, utilizadas a lo largo del año. Se me ocurre, por ejemplo, el Campo Hípico. ¿Cuántas escuelas de equitación utilizan estas instalaciones? ¿Cuántas competiciones tienen lugar al año, además de la tradicional de la Fiestas de San Juan y San Pedro?
El Teatro Emperador. Enterrado en vida. Un fantástico recinto que bien mantenido y con una programación adecuada podría convertirse en un foco cultural para la ciudad, funcionando de manera coordinada con el Auditorio. ¿No se han dado cuenta que hasta vienen de ciudades vecinas a vendernos sus programaciones de ópera o ciclos de conciertos?
El Palacio de Congresos podría ocupar varias páginas por si mismo. Ya no hay remedio. Está construido, al menos en parte. Se han gastado unos millones de euros que quizás se pudieran haber dedicado a otros asuntos. Pero ahora es necesario darle un contenido adecuado. Cada día que permanece cerrado es una nueva derrota para nuestra ciudad.
Son solo algunas de las actuaciones que son urgentes según mi humilde criterio. Medios, personal y tiempo tiene nuestro ayuntamiento para estudiar estas y otras medidas y poner los cimientos para un León del Siglo XXI.
Marcos Álvarez Diez
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