Las besa con suma conciencia para no
equivocarse. Por nada del
mundo querría posar sus labios más allá del lugar exacto para que aquel acto de
comunicación se considerara un beso. Un leve roce de labios contra labios, sin
intercambios, sin arrebatos desenfrenados, un beso casto y puro como de
telenovela censurada en blanco y negro.
Besa
hasta la extenuación. Besa con imperturbable disciplina. Una vez tras otra. Con ilusión
pero con las pasiones contenidas.
La
búsqueda ha sido infructuosa desde hace ya varios años. No es capaz de
encontrar a su príncipe azul y cada vez es más difícil encontrar nuevas ranas
para besar.
Marcos Alvarez
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