Van a ir a comprarse un
vestido nuevo y un helado. Un espléndido día ilumina las calles del centro de
la ciudad y aun se nota el leve frescor de la mañana. Los vencejos, un poco
torpes como si estuvieran desperezándose, rasan las calles recién regadas por
los operarios municipales.
Llevan varias semanas
planeando la jornada. Las tiendas que van a visitar; el tipo de vestido que
necesitan; los colores más apropiados; y hasta el sabor del helado con el que
van a finalizar el paseo.
Sus hermanos mayores se
burlan de tanto preparativo. La chinchan machaconamente por dar tanta
importancia al acontecimiento.
Para ella será el primer
vestido que estrene.
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