A las 22:00, se produjo la erupción. Un poco antes de lo anunciado.
Cientos de curiosos se aglutinaron en las laderas cercanas al cráter para observar el fantasmal espectáculo e inmortalizarlo con cámaras y teléfonos móviles.
Algunos estudiosos tomaban datos con extraños instrumentos de medida y recogían muestras de los materiales proyectados por el volcán en pequeños recipientes resistentes al calor.
Pocos se dieron cuenta de que la corriente de lava incandescente se dirigía, bella, parsimoniosa e imperturbable, hacía la pequeña población en la que habían aparcado sus vehículos antes de subir a la cima.
Ya no había posibilidad de salir de aquel infierno.
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