16 noviembre 2020

NO QUIERO ACOSTUMBRARME... (Microrrelato)

 

Se escucha ese «pi» infinito, tan irracional, que anuncia que el corazón del enfermo conectado a la máquina ha dejado de latir. 

El músculo incansable que ha bombeado la savia necesaria para infundir vida hasta el último rincón del amasijo perfecto de huesos y carne ha sucumbido al cansancio o a la enfermedad. 

Siempre me recorría un escalofrío desasosegante cuando escuchaba el aviso en la lejanía: carreras de los equipos médicos, sollozos de los más cercanos y la resignación de unos pocos que comenzaban a aceptar el fatal desenlace.

Desde hace varios meses no hay lloros ni carreras.

Ya no siento ese estremecimiento de sorpresa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario