Si los pájaros te miran extrañados detén tus pasos y mira a tu alrededor. Eran las únicas palabras que había escuchado de boca de aquel anciano del último poblado de la selva.
Caminó siguiendo los senderos abiertos durante semanas. Cuando ya no fueron visibles las sendas avanzó metro a metro a golpe de machete. Más tarde tuvo que recurrir a caminar por encima de la tupida vegetación que formaba una acolchada alfombra de ramas y hojas.
Sin darse apenas cuenta la sinfonía continua de aullidos, trinos, y sonidos guturales que le había acompañado se fue extinguiendo sutilmente.
Decenas de aves planeando silenciosamente le observaban con curiosidad mientras el explorador caía desde lo alto del precipicio.

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