Ese no es nuestro estilo de familia.
Tenía la frase grabada en mi memoria desde la niñez. No había situación o conversación en la que no saliera a colación la frasecita.
Después de que apareciera el cuerpo vino a mi memoria de forma automática.
La sangre ocupaba todo el suelo de la habitación y la enrevesada posición del cadáver impedía cualquier reconstrucción coherente. El desorden y la suciedad de la estancia llamaba más la atención que el puñal clavado sobre el esternón.
Desde bien niños nos habían enseñado en casa que el trabajo bien hecho era una seña distintiva de la familia.
Nosotros no hacíamos chapuzas.
He leído tus microrrelatos, me gustan, son un poco como los míos: historias que pueden ser reales, como la vida misma.
ResponderEliminarSAludos.
Gracias Manuela. Un saludo.
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