Durante este verano atípico, en el que las tradicionales vacaciones estivales se han sustituido, en muchos casos, por breves escapadas en las que poder seguir unas adecuadas medidas de precaución contra el protagonista de este primer año de la pandemia, se están confirmando definitivamente que muchos de los teóricos beneficios de la descentralización no son tales, o al menos, no hemos sabido aplicarlos adecuadamente en esta España nuestra.
En estas vacaciones, decía, he visitado las costas de dos comunidades autónomas vecinas, Galicia y Asturias.
En las playas más visitadas de la Rías Bajas, las medidas de protección que observa el recién llegado son claras: playas con control de accesos, parcelamientos en algunas de ellas, socorristas y personal de apoyo exclusivo para informar de la obligatoriedad de usar la mascarilla en la playa, excepto para el baño, y la necesidad de seguir un distanciamiento social en los arenales y paseos.
En otra breve excursión a una de las playas más concurridas de la Comarca de la Sidra, en Asturias, por contra, las medidas de protección hay que buscarlas a propósito. Unas señales colocadas en las vías de acceso a la playa intentando marcar distintos sentidos de entrada y salida que nadie cumple, ausencia de mascarillas en la mayoría de los usuarios de la playa, en los paseos y recorridos por la orilla; hasta los socorristas vigilan a los bañistas o conversan con los curiosos sin usar mascarillas de protección.
No puedo afirmar con rotundidad cuál de las estrategias es la más conveniente. Pero sí parece claro que hay una absoluta descoordinación en el planteamiento de las medidas de seguridad y protección que están fijando las distintas comunidades autónomas. No puede haber tantas diferencias entre la forma de luchar contra la pandemia entre Asturias y Galicia.
Se está desvirtuando la cacareada gestión de las autonomías. Debe ser el Estado el que marque las líneas de actuación concretas. Normas sencillas, claras y a poder ser, pocas. Y sí, las comunidades autónomas serán las responsables de ponerlas en práctica. Pero las mismas normas.
No es de recibo que un Leonés, siga unas normas determinadas en su provincia, otras para darse un baño en Sanjenjo y las contrarias para dar un paseo por un arenal Asturiano. Nunca los puertos de Pajares o Piedrafita marcaron tantas diferencias.
Háganselo mirar por favor. Nos va mucho en ello. Nos lo jugamos todo.

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