El armario donde acababa de encerrar a su muñeca estaba en el fondo de la habitación. Muchas veces quedaba oculto bajo cojines o juguetes sin colocar. El orden nunca había sido una de sus prioridades.Durante el día no le molestaba tener a su alrededor un cierto grado de desorden. Mientras estudiaba o escuchaba los últimos éxitos musicales no prestaba atención a los objetos sin colocar.
Pero de noche, en su cama, cuando la oscuridad se adueñaba del espacio circundante, las puertas abiertas o los montones de ropa se convertían en siniestro punto de atención. Aquella noche la puerta del armario del fondo comenzó a abrirse entre risas entrecortadas.
Marcos Alvarez
06-02-2017
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