Como casi todas las Semanas Santas, durante estos días en los que los sentimientos religiosos de unos se entremezclan con las ansias festivaleras y vacacionales de otros amalgamando un ambiente único que se puede respirar y hasta acariciar en los rincones más privados de la ciudad, me convierto en Papón de acera, como acertadamente han definido los chicos de la Asociación La Horqueta, a los leoneses que rinden su penitencia en las calles esperando cada una de las procesiones bajos los fríos de esta ciudad.
Hace ya tiempos que colgué con cariño mi última túnica negra y guardé en el último cajón de casa el capillo, los guantes y todos los elementos obligatorios de los papones ejercientes. También tengo guardada mi cruz de madera, pintada cuidadosamente de negro, en algún rincón de la casa de mis Padres.
Si, digo obligatoria, porque las normas que cada año recibiamos los hermanos de mi cofradía, y seguramente los del resto también, rezaba claramente que “los hermanos libres de pujas, procesionarán ordenadamente con cruz negra”.
¿Dónde se han quedado las cruces? En estos últimos años cientos de papones negros, o sea de las cofradías llamadas históricas, (aunque digo yo que historia tendrán todas; más o menos, pero historia al fin y al cabo…), desfilan con las manos a la espalda entre paso y paso sin orden ni concierto. Estas agrupaciones desordenadas de papones que pasean dentro de la procesión deslucen la comitiva, desordenando la estructura tradicional de cada cofradía.
Claro que a falta de cruces algunos hermanos están buscando bastones de mando municipales a tenor de las últimas quinielas a los bancos de nuestro consistorio. Luis Nogal, Fernando Salguero y Julio Cayón, nombres ligados de una u otra manera a la Semana Santa Leonesa y que supongo que hace tiempo que dejarían sus brazos en los pasos para desempeñar otras labores, suenan en los mentideros municipales y hasta emborronan las páginas de los rotativos tradicionales. Es de suponer que estarán buscando los miles de votos de los cofrades y sus familias.
Pero volvamos al tema. Las cruces, la compostura en las procesiones, la actitud de los papones redundan en el esplendor de una Semana Santa nuestra, que nada tiene que envidiar a otras que nos vienen del sur y que debemos entre todos, papones de túnica y papones de acera, ensalzar con nuestra presencia y trabajo.
Marcos Alvarez
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