Canta la Calandria. La calle, en primavera, se convierte en un auditorio privilegiado donde algunos curiosos detienen su caminar para deleitarse con los cantos, con los trinos de la Calandria que habita en la jaula del tercero.
Mi oficina, ubicada en la citada rúa, parece ubicada en medio de un bosque de nuestras riberas o en un campo de cereal de tierra de campos.
Llevo varios meses ya entrando, saliendo, recorriendo la calle arriba y abajo; charlando con vecinos y clientes sobre las molestias que generan las obras de remodelación de las aceras que ejecutan las brigadas municipales, o sobre la necesidad de tal o cual aparcamiento. Y nunca me había percatado de los maravillosos sonidos del pajarito hasta que un viejo conocido, Hilario, me sacó de la ignorancia alabando los cantos de la simpática avecilla.
Llevo varios meses ya entrando, saliendo, recorriendo la calle arriba y abajo; charlando con vecinos y clientes sobre las molestias que generan las obras de remodelación de las aceras que ejecutan las brigadas municipales, o sobre la necesidad de tal o cual aparcamiento. Y nunca me había percatado de los maravillosos sonidos del pajarito hasta que un viejo conocido, Hilario, me sacó de la ignorancia alabando los cantos de la simpática avecilla.
Parece que la Calandria abundaba en las zonas rurales al cobijo de trigales y graneros. Sus cantos eran conocidos y apreciados por todos y su silueta diferenciada del resto de las aves que gustan de la compañía del hombre.
Hoy, al igual que otras muchas especies, la Calandra es difícil de encontrar. No somos capaces tampoco de identificar sus cantos ni diferenciarlas de un gorrión común, aunque vengan con cartelito a modo de matrícula. Confundimos hayas con chopos sin inmutarnos y creemos a pies juntillas que el romero es una especia artificial creada mediante síntesis molecular.
Hoy he buscado, en la red - como no - información sobre la Calandria. A esta no la confundo más.
Marcos Álvarez
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