La larga cola de novicias que se estaba formando llegaba hasta la puerta del refectorio. Las postulantas creaban una ordenada hilera de hábitos negros y mejillas sonrosadas. Ocupaban casi todo el perímetro del claustro, pegadas a los muros, como dicta la norma.
Esperaban pacientemente la voz de la Madre Superiora que indicara el momento de acceder a la capilla para las Vísperas.
Iban a tener que apretarse en los bancos para que todas pudieran rezar sentadas. El monasterio parecía completo.
De pronto se escuchó una potente voz procedente del cielo: ¡CORTEN, LA TOMA ES BUENA!, y las figurantes regresaron a sus camerinos para calzarse de nuevo sus vaqueros rotos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario