
Aquel atractivo e irresistible vendedor me miraba directamente a los ojos. Me sentía turbada a la vez que atraída por aquella sonrisa. Era alto, moreno y vestía a la última moda. Perfectamente conjuntado. Moderno e informal. Muy elegante. Claro, estábamos en la planta de Moda Joven.
Yo intentaba no mirar hacia él pero nuestros ojos se cruzaban continuamente. Empezaba a sentir un reconocible aunque casi olvidado nudo en el estómago. Tenía que hablarle.
Comencé mi acercamiento cuando, horrorizada, pude ver como una dependienta, inconfundible por su atuendo, arrancaba un brazo de mi vendedor y le ajustaba la americana con unos alfileres. El maniquí se tambaleó peligrosamente.
Definitivamente debía acudir a la planta de óptica y cambiar la graduación de mis gafas.
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