Tengo que cocinar un poco peor o lo arruinaré todo, pensó el cocinero mientras observaba el salón presidencial completamente vacío.
Durante toda la cena no se había dejado de hablar sobre las bondades de los distintos platos; ni siquiera pudieron comentar lo bien o mal maridados que habían sido los vinos del banquete.
El chef estaba desolado. No había sido su intención. Creía haber seguido todas las reglas y recomendaciones de los asesores implicados en el evento.
Los halagos y las alabanzas no dejaron tiempo a los Ministros de los dos países enfrentados para pactar el deseado acuerdo de paz.
La cena de trabajo había sido un completo desastre.
Me encanta la idea argumental. No tanto, la resolución final. Yo le daría un par de vueltas. Pero, bien, bien, Marcos
ResponderEliminarPracticando estoy... Gracias por el comentario.
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