02 mayo 2017

Claramente

8 de diciembre de 1980. Recordaba perfectamente ese día. Había quedado grabado en algún rincón de mi memoria más profunda,  como lo hace una imagen estática sobre la antigua película fotográfica. El año, el mes y el día aparecían recurrentemente ante mis ojos interiores en sueños y visiones veladas.
Parecía que acaba de suceder…
Salía de la iglesia, atravesando el atrio tanteando, cuando el sol penetró de repente a través de mis ojos oscuros.
Entonces, tiré el bastón blanco que me había permitido cierto grado de libertad hasta ese día y bajé las escaleras sorteando ágilmente la nieve inmaculada de la mañana.

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