Os adjunto el último atrevimiento...
El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía.
Con energía pero imperturbable arrugó todo lo posible aquel papel amarillentoarrancado bruscamente de algún cuaderno escolar envejecido. Inmediatamente la bola ardía en la oscuridad de aquel callejón maloliente incitada por la llama de su viejo IMCO.
Disfrutó aquellos segundos de soledad ensimismado mientras observaba aquella pequeña pira funeraria improvisada, a la vez que planificaba mentalmente el siguiente paso a seguir. No era de esos hombres que se amilanan por un mensaje anónimo dejado cobardemente en el parabrisas de su coche. Lo había decidido hace algunos días. Pensaba dejar de fumar.
Por trabajar en un estanco no iba a abandonar.
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ResponderEliminar...un poco de humor...negro...
EliminarGracias.