18 septiembre 2014

Mi mágica biblioteca. (Microrrelato)


La pequeña librería del salón ocupa un lugar privilegiado. El rincón más luminoso, pero a la vez resguardado de los dañinos rayos solares, abriga la coqueta esquinera  de madera de cerezo.
En su escaso metro de altura apenas es capaz de albergar dos baldas que la dividen en tres espacios iguales. Los libros, de todos los tamaños y colores, unos colocados verticalmente y otros aprovechando los espacios horizontales vacíos, se agolpan sin orden ni clasificación conocida.
Libros de aventuras, detectives y viajes; biografías oficiales y apócrifas, gruesos tratados sobre ciencias o filosofía y hasta alguna que otra guía de cocina tradicional  parecen desbordar cada día el volumen finito del rojizo mueble.
El observador curioso puede encontrar desde ejemplares de mitad del siglo pasado encuadernados en cartoné con lomos de tela y cabezadas de vivos colores hasta ejemplares de bolsillo adquiridos compulsivamente en la librería impersonal de algún aeropuerto del país.
Lo que nadie sabe es que llevo seleccionando libros de mi pequeña biblioteca desde hace más de cinco décadas y siempre encuentro un ejemplar nuevo para comenzar otra apasionante lectura.

Marcos Alvarez



2 comentarios:

  1. Oh¡, las bibliotecas hogareñas cuanto guardan (casi de todo incluido polvo) y en ellas cuanto dejas de una manera anárquica (bendito desbarajuste) y un tanto desordenado pero sin caos, porqué cuando algo necesitas allí lo encuentras, aunque a veces necesitas repensar la situación del volumen tal o cual, donde buceabas para extraer algún material o algún matiz que aclare la duda emergente. Lindo post Marcos. Un abrazo...http://dialtri.blogspot.com.es

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