"Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión."
Un silencio pegajoso invadía la nave envolviendo a los pasajeros que parecían sumidos en un alcohólico letargo. Sólo unos pocos, los situados en los asientos màs cercanos a las alas, se percataron de que los motores habían dejado de emitir sus feroces rugidos.
Algunos bolsos de mano, junto con dos pares de zapatos, comenzaron a flotar ante los ojos incrédulos de los viajeros. El avión seguía un rumbo preciso. Ascendente y continuado. Mientras, la luz se hacía cada vez más intensa, pero también menos molesta.
La puerta de cabina se abrió; no había pilotos al mando de la aeronave.
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