13 diciembre 2008

A propósito de la fusión de las Cajas de Ahorro.

A propósito de la fusión de las Cajas de Ahorro.
No dejo de escuchar en las tertulias radiofónicas patrocinadas por la Junta de Castila y León en las emisiones para la Comunidad, o de leer las declaraciones de nuestro Presidente Sr. Herrera a propósito de la necesidad de fusionar las cajas de ahorro de Castilla y de León para conseguir una entidad fuerte y competitiva. Yo no logro entender la correspondencia univoca que se suele establecer entre el tamaño de una entidad bancaria y la competitividad de la misma; más al contrario, parece claro que empresas de tamaño comedido puedan adaptarse con más agilidad a los constantes cambios del mercado y afrontar  retos novedosos a menor coste. También es verdad que las posiciones dominantes de algunos bancos y cajas pueden desvirtuar el panorama financiero de un país; al final, la frontera entre una buena entidad y una mala, o una rentable y una con pérdidas, estará basada en la buena o mala gestión de la misma y no en el tamaño, o en el número de oficinas abiertas al público.
Una caja de ahorros única en la comunidad, gestionada y dirigida como casi todo lo “autonómico” en esta Comunidad nuestra,  desde la  capital vallisoletana solo tiene un posible beneficiario:  el gobierno, o mejor dicho, el Consejero de Economía de turno, que podrá hacer y deshacer a su antojo, junto con la ciudad de Valladolid, que verá como los órganos de gobierno de la posible Caja-Castilla y León se asientan en sus calles con los consiguientes puestos de trabajo directos  e indirectos que esto conlleva.
Tendríamos que pensar un poco en qué es más beneficioso para una Comunidad Autónoma como la nuestra, nos guste más o menos como está formada, que eso es otro cantar… Interesa una Caja grande, poco ágil, que desconozca las particularidades de cada comarca o región, con una visión comunitaria del conjunto y posiblemente poco realista de las realidades de cada territorio; o unas Cajas pegadas al terreno, bien gestionadas, adaptadas a las realidades y características de sus clientes en las distintas provincias y que permitan un desarrollo provincial y comarcal claramente diferenciado. La grandeza de una Comunidad como Castila y León, más grande que muchos de los países de la Unión Europea, no puede fundamentarse en la creación  de un polo centralista y centralizador, acaparador de entes y administraciones; debe constituirse a partir de las provincias que la integran, potenciando las particularidades de cada territorio, fomentando la creación de estructuras locales ágiles y dinamizadoras que a partir del conocimiento de la realidad social implementen herramientas concretas para cada situación y territorio. Aquel anuncio que utilizó la propia Junta de Castilla y León era una buena imagen de lo que realmente necesitamos: Nueve provincias, una comunidad…
Hay que dar herramientas a las administraciones locales, a las Diputaciones Provinciales, a los grandes ayuntamientos, a las Mancomunidades y entes Comarcales. Hay que desterrar las fiebres centralistas, la acaparación de poderes y de ámbitos de gestión  que fomentan la despoblación y la deslocalización empresarial.  El poderío de Castilla y León debe basarse en la capacidad y fortaleza de sus nueve provincias, no de una ciudad.
   

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