27 marzo 2007

El circo

La pequeña carpa estaba rodeada de caravanas, camiones y otras tiendas mas pequeñas. Los mástiles, los vientos y las cuerdas que fijadas al terreno sujetan las efímeras estructuras obligaban a caminar con tiento. Unas vallas estratégicamente colocadas impedian el paso de los curiosos al corazón del campamento.
El circo había llegado a la ciudad. No eran fiestas ni ferias ni vacaciones escolares de ningún tipo. Una semana primaveral de esas que abundan en el calendario. Rutina diaria y cotidiana. Pero los artistas trabajan todos los días ¿no?. La función comienza cada tarde. Sesión doble los festivos y fines de semana. Sesión única los días laborales. Los lunes sin función por descanso del personal, o de los artistas.
Tres payasos. Una contorsionista, un domador de animales poco fieros, malabaristas y un faquir.
Caballos, dromedarios, un caimán y una pitón. Una llama saltarina. Perritos calientes en el ambigú. Espectaculo sobre pista de lona salpicada de serrin.
El circo y su magia inexplicable. Sonrisas, nervios, una rifa. Un coqueto colegio itinerante sobre las ruedas de un viejo carromato.
La función. El espectáculo. Trabajo. Mucho trabajo. Malabaristas que sirven bocadillos, contorsionistas que ofrecen palomitas al repetable en el intermedio, domadores como mozos de pista. Tres payasos. Niños, padres; muchos mas niños. Sonrisas inocentes y nerviosas. Piernas que se duermen sentadas sobre gradas de madera. Un voluntario para la función. La rifa que le toca al voluntario. Un circo. Una pista redonda. Caballitos que giran y giran; dromedarios que giran, una llama que gira y salta... Aplausos. Más aplausos. Patatas, palomitas, pipas, garrapiñas. Aplausos. Niños descubriendo la magia del circo; risas que evocan sorpresa, emoción y hasta miedo.
Tres payasos. Una pequeña carpa. Un gran circo.
Al Euro Circo
Marcos Álvarez

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